Si te digo “amarillo”, ¿qué imagen te aparece en mente? ¿Un pato, el sol, alguna flor de tu jardín?
Asociando se aprende. Haciendo múltiples conexiones y relaciones entre las ideas previas y aquellas que se presentan como nuevas. Siempre ha sido de esta manera. Al leer un libro, uno podía encontrar al término de una palabra un pequeño número, que lo transportaba hasta el pie de página, para toparse con más información al respecto.
En la actualidad representa un tinte novedoso el tipo de asociaciones que se establecen. Ya no sólo son aquellas lineales, sino que se suman las laterales. Se anexan los enlaces y las yuxtaposiciones, dejando atrás la vieja idea de la secuencia lógica: aparece el hipertexto.
Leer un hipertexto requiere de competencias cognitivas bastante desarrolladas. Es dable tener en cuenta, que estas piezas resultan idóneas a la hora de tratar temas complejos. Por lo tanto, resulta de gran eficacia aprender a leerlos. Burbules asevera que “el hipertexto concreta la idea de una lectura interactiva”. El lector de la web 2.0 se caracteriza por su dinamismo y su tendencia a la exploración. Es él mismo el que termina inmiscuyéndose en el propio hipertexto.

Esta herramienta de la red le brinda al usuario la libertad de marcar su propio rumbo. Persiguiendo sus intereses y necesidades, él navega, sin seguir las coordenadas estipuladas por el autor. El lector personaliza el hipertexto, hasta llegar a hacerlo suyo. Contribuye a su transformación de una manera activa. No sólo accede a la información, sino que también la genera. Los límites entre lector y autor comienzan a hacerse difusos. Es oportuno traer a colación que dichas posibilidades se hacen efectivas por el carácter rizomático del hipertexto.
En la otra cara de la moneda, nos encontramos con algunas desventajas que plantea el uso de esta estrategia de eneseñanza-aprendizaje. El hipertexto carga la riesgosa mochila de resultar parcial y distorsionar los hechos. Al emplear vínculos sobre cada término, se corre el peligro de estar desconectándolos, aislando unos elementos de otros. Así, el texto se va fragmentando, dejando nodos inconexos y fuera de contexto.
Otro punto a subrayar, arriba aludido, se relaciona con el hipertexto y su esencia rizomática. Suelen resultar muy fructíferas las asociaciones laterales, sin embargo, al carecer de una jerarquía entre los conceptos, también suele cuestionarse el perfil arbitrario de la elección. Asimismo, sin punto de partida, la excursión por un sistema rizomático podría convertirse en anárquica, y hacer que el usuario se pierda.
Por lo tanto, se pone de relieve en esta instancia el inconveniente que presentan los hipertextos más abiertos y dialógicos. Éstos requieren cierta habilidad en la lectura, muy avanzada en comparación con aquellos que recién se inician en el uso de la web 2.0. Como consecuencia, no es aconsejable su implementación de lleno en el aula, donde se encuentran usuarios más básicos.
Esto se ve acentuado por la marcada brecha digital existente entre quienes tienen acceso a internet, y quienes no. De esta manera se crea una nueva forma de desigualdad educativa. Para incorporar las Tics en el aula, es requisito fundamental tener presente que quienes mejor se desarrollarán son los que conozcan internet, y tengan la oportunidad de utilizarlo asiduamente. No así aquellos rezagados, que no son “amigos” de la red, que no tienen los medios para “conectarse” al mundo.
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